Las hormigas de fuego ayudan a una paracaidista casi muerta a sobrevivir a una caída.

Las hormigas de fuego ayudan a una paracaidista casi muerta a sobrevivir a una caída de 14,500 pies desde el cielo

Los accidentes de paracaidismo son bastante raros, y es probable que este nunca vuelva a suceder sin victimas. No todos los días escuchamos sobre alguien que haya sobrevivido a una caída de 14.500 pies (4,500 Metros), y mucho menos que haya sobrevivido a un salto de paracaidismo que salió mal y que implica ser atacado y picado por miles de hormigas bravas o hormigas de fuego.

Joan Murray, la banquera adicta a la adrenalina de 47 años, anticipó con entusiasmo un paracaidismo de rutina el 25 de septiembre de 1999. En esa experiencia, soportó todo lo anterior de primera mano. Joan mordió más de lo que podía tragar con esa experiencia y es que esta paracaidista cambió la aventura por un coma de 2 semanas vinculado a una experiencia cercana a la muerte ahora infame.

Mal funcionamiento del paracaídas: de la euforia a la emergencia

Murray, una ejecutiva bancaria con sede en Carolina del Norte, ganó un poco de experiencia en paracaidismo durante su breve paso por el deporte antes del accidente. Con apenas lo suficiente para su licencia inicial «A», tenía aproximadamente 30 saltos de paracaidismo de los que presumir. Los paracaidistas de mucho tiempo podían saltar fácilmente en un fin de semana, pero Murray confiaba en su habilidad y no tenía forma de saber que su paracaídas principal fallaría. Al darse cuenta de que estaba en una situación desesperada y cayendo hacia el suelo a más de 80 millas por hora, Murray tuvo que pensar rápido para salvar su vida.

Todo aficionado al paracaidismo sabe que cuando el paracaídas principal no se activa, tienes que cortar el principal (para que el de reserva no se enrede con él principal) y liberar tu reserva. Si su reserva no funciona correctamente se te acabo la suerte. Uno principal. Una reserva. Eso es todo. Entonces, es el último recurso para cualquiera si no funciona significa que esta probablemente muerto.

En el momento en que Murray tiró de la cuerda de apertura para su paracaídas de reserva, estaba a solo a 700 pies del suelo. La adrenalina que corría por sus venas le provocó miedo y pánico, y no tomó medidas efectivas para evitar dar vueltas. La rotación constante impidió que el tobogán secundario se inflara correctamente, lo que inevitablemente provocó un aterrizaje forzoso en un montículo de cría de hormigas rojas.

El aterrizaje forzoso de Murray:

El enjambre de hormigas de fuego venenosas

El impacto similar a un mini cráter perturbó el territorio de algunas hormigas de fuego o fireants como son conocidas en EEUU las cuales estaban bastante enojadas. Una sola picadura es lo suficientemente dolorosa como para evitarla incluso en cualquier accidente. Es importante mencionar que la mayoría de las colonias tienen forma de cúpula y generalmente tienen un tamaño de más de 250.000 hormigas.

Prácticamente todos los miembros se dirigieron directamente hacia nuestra paracaidista caída. El enjambre de hormigas atacó a Joan Murray mientras ella estaba “sin conciencia”, lo que provocó resultados alarmantes.

Picaduras que salvan vidas:

las hormigas bravas potencialmente salvaron la vida de Joan Murray

La reacción alérgica al veneno de la hormiga puede causar la muerte en algunos casos, y cada “mordisco” lleno de toxina causa un dolor casi instantáneo. Sin embargo, la basura de un hombre es el tesoro de otro, y su lugar de aterrizaje por lo demás desafortunado podría haberla salvado de una muerte prematura.

Los paramédicos llevaron a Joan apenas consciente al Carolinas Medical Center para recibir tratamiento de emergencia. Los médicos determinaron que, afortunadamente, las repetidas picaduras de hormigas bravas dañaban los latidos de su corazón y estimulaban sus nervios. El ataque del insecto mantuvo su corazón latiendo y sus órganos funcionando el tiempo suficiente para mantenerla viva durante el transporte, donde cayó en un estado comatoso. Se insertaron tornillos de metal a través de ambas piernas y pelvis para sostener los huesos rotos de su pierna derecha, y permaneció inconsciente durante dos semanas. Un dolor insoportable y una tragedia llevaron a Joan Murray a superar obstáculos imposibles, y tiene mucha suerte de estar con viva.

Una vez paracaidista, siempre paracaidista

Dicen que la vida comienza al final de tu zona de confort. Es cierto en el caso de Murray. Dio el paso después de una recuperación de dos años y no ha mostrado signos de detenerse pronto. Afortunadamente, esta historia termina con una mujer que no se deja intimidar por un deporte increíble. Todos comienzan con el paracaidismo en tándem, donde los instructores hacen todo el trabajo por usted. Ella se graduó más allá de eso y estará siempre alerta para prepararse para sus saltos hacia adelante.

Ahora se toma la vida más en serio. Para citarla, “He aprendido a tomarme tiempo para las cosas importantes de la vida. Digo ‘te amo’ y ‘gracias’ mucho más desde la experiencia ”.

Joan Murray es otra sobreviviente mas del Paracaidismo.

El migrante Haitiano que sobrevivió tras flotar 30 horas en el Mar

La historia del migrante haitiano que sobrevivió tras flotar 30 horas en el mar

Traficantes de personas en el Urabá antioqueño lo lanzaron al agua luego de hurtarle sus pertenencias. Los pescadores de la zona fueron su salvación.

Moise Mathe Lemi está vivo de milagro. El lunes, ‘los coyotes’ o traficantes de personas en Necoclí Colombia, lo embarcaron para llevarlo clandestinamente a Capurganá (Departamento de Chocó Colombia), para luego pasarlo a Panamá y posteriormente seguir buscando su sueño Americano.

Pero en su intento en el mar, la catástrofe los esperaba, eran ya las 10:00 de la noche, en alta mar, y su suerte se había convertido en indeseable, ocurrió lo peor.

«Una vez en el mar, quienes lo transportaban lo atacaron, le robaron todas sus pertenecías y lo lanzaron al mar sin ninguna contemplación», relató el coronel Giovanny Puentes Aguilar, comandante de la Policía de Urabá.

La contaminación del mar lo salvo! Encontró algunas botellas de plástico las cuales lleno de aire y amarro a su cinturón para flotar.

Sin tener idea cuantos días estuvo en alta mar no podía ya mas, el haitiano declaró “Me sentía impotente y muy triste”

Al escuchar una lancha cercana se puso a gritar como loco “gritando duro, duro duro duro” dijo.

Este haitiano estuvo flotando en el mar solo, sin ningún soporte y con el frio durante más de 30 horas. Los pescadores de Necoclí fueron sus ángeles de la guarda.

«Esta persona logra sobrevivir en mar abierto hasta que es rescatada por los pescadores, quienes lo llevan a Necoclí y ya en tierra firme es atendido por la Policía Nacional y posteriormente en el hospital municipal», narró el Puentes Aguilar.

Moise no habla bien español, pero agradece, no solo a los pescadores, sino a las autoridades que ahora mismo lo protegen.

Migrante hatiano sobrevive en el Mar Solo nadando por 30 horas

Por la situación actual que viven los hospitales a raiz del COVID-19 El hospital le dio de alta y la administración lo llevó a un hotel de paso. Sus piernas apenas se están recuperando, por eso, para subir las escaleras necesita ayuda.

«La persona se encuentra estable, sin ninguna complicación y con la protección de la Policia Nacional», añadió el coronel Puentes.

El 25 de marzo cuando Colombia cerró la frontera y el paso a Panamá, 295 migrantes quedaron atrapados en Necoclí y en estos meses cuatro mujeres dieron a luz. Ahora son 299 personas de Asia, África y Haití que esperan recomponer el rumbo que les permita llegar a Estados Unidos.

Pese a la mala experiencia, Moise dice que lo volverá a intentar.

El Padre e Hijo que Sobrevivieron juntos 8 dias en una Ventisca

Hoy les traemos la historia de supervivencia de Mike Couillard y su hijo (de 10 años), nadie sabe si fue su formación militar o simplemente su coraje lo que los salvo de una muerte segura en la estación de esquí de Kartalkaya, en Turquía. Pero lo que todo el mundo da por seguro es que cualquier otra persona que hubiera permanecido atrapada durante ocho días en medio de una ventisca interminable sin comida, agua, refugio ni fuego no habría sobrevivido.

Mike Couillard como la mayoria de los personajes de este blog sobrevivió, pero tuvo que pasar un auténtico calvario y tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: abandonar a su hijo en la nieve para salir a la desesperada en busca de ayuda.

Aquella pesadilla se produjo el 15 de enero de 1995, cuando el teniente coronel de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Mike Couillard y sus hijos Matt y Mark se encontraban esquiando en las montañas turcas de Koroglu. Cuando la estación estaba a punto de cerrar, Mike y su hijo pequeño Matt hicieron una última ascensión antes de regresar a su hotel, pero las cosas no salieron como deberían. A pesar de que la nieve y la ventisca se echaron sobre el complejo, padre e hijo decidieron buscar una ruta paralela alternativa a la pista balizada. Su intención era descender entre pinos pero con manteniendo siempre visible la referencia de los remontes. Sin embargo, la ventisca arreció, el bosque se hizo más espeso y la visibilidad pasó a ser casi nula.

“Nos empezamos a meter entre los árboles y a fabricar rutas esquivándolos, yo pensaba que finalmente desaparecerían y encontraríamos el camino de vuelta al otro lado, pero conforme descendíamos había más y más. Sólo cuando ya no podíamos avanzar me di cuenta del grave problema que teníamos”, recordaba Mike poco después. Con el miedo ya en el cuerpo, decidieron remontar la colina para intentar divisar el hotel, pero el resultado fue el mismo: “Era como si hubiera desaparecido, estábamos muy desorientados”.

Para entonces la noche ya les había atrapado y la ventisca comenzaba a pasarles factura. En ese momento, Mike Couillard decidió poner en práctica su adiestramiento militar y montar un vivac para pasar la noche sin congelarse. Buscó dos árboles con grandes raíces junto a una roca y, con la ayuda de sus esquíes, construyó un sencillo refugio a base de ramas y arbustos. Lo que este militar pensaba que iba a ser una noche de pesadilla que terminaría con la presencia de los equipos de rescate, se convirtió en tres largos días en medio de una de las ventiscas más fuertes que se recuerdan.

Por encima de todas las preocupaciones, a Mike le asaltaba continuamente una obsesión: mantener con vida a su hijo de 10 años. Ateridos de frío y con un paquete de caramelos como único alimento, tuvo que quitar a Matt su bota de esquí impermeable para derretir la nieve y poder hidratarse.

Survival Stories and The Strom in the Mountains

Pero el tiempo pasaba. Y el único rastro de los equipos de rescate era el sonido lejano de un helicóptero que ni siquiera eran capaces de ver. Mike permanecía totalmente ajeno al operativo que el Gobierno turco había organizado con el apoyo del estadounidense: más de 100 efectivos apoyados por recursos aéreos, que eran incapaces de encontrar rastro alguno de la pareja de esquiadores.

Él y su hijo se limitaban a rezar y a gritar en busca de ayuda mientras pasaban los días. Mike incluso escribió varias notas de despedida de su esposa. Hasta que una semana después de su desaparición los equipos de rescate les dieron por muertos. En primavera buscarían los cadáveres.

La tormenta no comenzó a amainar hasta el octavo día. Fue entonces cuando Mike exprimió las pocas fuerzas que le quedaban para salir del refugio, coger algo de altura y buscar un signo de civilización. Lo único que logró ver fue algo que parecía una cabaña. Y entonces tuvo que afrontar la decisión más difícil de su vida: permanecer junto a su hijo o tirar del único e incierto hilo de esperanza que le quedaba.

Hacía ya dos días que no escuchaban los rotores de los helicópteros y sus perspectivas eran fatales. Así que optó por la decisión más arriesgada: se quitó su anorak de esquí para calentar a su hijo y se fue.

Tardó varias horas en llegar a las cabañas, atareado en fabricar un rastro para poder localizar después a su hijo. Pero al llegar comprobó con desesperación que las cabañas estaban vacías y cerradas.

Completamente agotado, pero con los remordimientos por haber dejado solo a su hijo de 10 años le impidieron caer dormido esa noche fruto de la extenuación.

Historia de Supervivencia de un padre y su hijo.

Pero la desesperación solo le duró un poco más: a la mañana siguiente, una furgoneta de leñadores turcos apareció en las cabañas para abastecerse de leña. Inmediatamente, Mike les condujo hasta donde estaba su hijo, y juntos regresaron junto a su familia.

Nueve días después de haber desaparecido y dos después de haber sido dados por muertos, el departamento de defensa de los Estados Unidos emitía un comunicado que ponía un final feliz a la historia. Mike y su hijo Matthew habían sido rescatados tras protagonizar una increíble historia de supervivencia.

Otra Increible Historia de Supervivencia.

LA INCREÍBLE HISTORIA DE SUPERVIVENCIA DE LA EXCURSIONISTA QUE PASÓ 17 DÍAS PERDIDA EN HAWÁI

Una mujer que desapareció durante dos semanas al caer por un barranco mientras hacía una excursión en Hawaii de nombre Amanda Eller, de 35 años sobrevivió por días perdida, estuvo desaparecida por dos semanas en un bosque de Maiu, Hawái.

«la única opción que tenía era la vida o la muerte». «Escuché esta voz que decía: si quieres vivir, continúa».

La mujer, que es terapeuta e instructora de yoga, natural de la ciudad hawaiana de Haiku, desapareció el pasado 8 de mayo. Su coche, un Toyota blanco, fue encontrado en el parking de la Reserva Forestal de Makawao, junto a su teléfono móvil y su cartera dentro del coche. En ese momento, mientras cientos de voluntarios la buscaban, sus padres ofrecían una recompensa de 10.000 dólares a quien encontrase a su hija.

«Quería ir hacia el coche, pero mi instinto me guiaba por otro lado»

Eller le dijo a The New York Times que, cuando llegó a la reserva, pretendía dar un pequeño paseo, se salió del camino a descansar y, cuando terminó, dio la vuelta. «Quería volver por donde había venido». Pero en vez de ir dirección al coche, fue justo para el lado opuesto. «Mi instinto me guiaba por otro lado, y tengo un instinto muy fuerte».

Al final, Eller terminó adentrándose en el bosque. En ese momento, se cayó por un barranco, rompiéndose una pierna y sufriendo abrasiones en los codos y quemaduras  por el sol. Finalmente, tras 17 días, por fin vio la luz: apareció un helicóptero para salvarla.

«Miré hacia arriba y estaba justo encima mía, y pensé: oh Dios mío». En ese momento, cuenta Eller, comenzó a gritar. Fueron los bomberos de Maui los que llevaron a la mujer al hospital. Su madre contó que sobrevivió cerca de una fuente natural de agua y comiendo frambuesas, guayabas e incluso un par de polillas. Eller intentó cazar varios cangrejos de río, pero no lo consiguió.

«fue capaz de sobrevivir. Tenía las habilidades necesarias e hizo lo correcto para ganar tiempo hasta que la encontramos».

Amanda Eller, una instructora de yoga de 35 años, había sido vista por última vez el 8 de mayo.

Fue entonces que sus familiares y amigos ofrecieron una recompensa a quien ayudara a garantizar su retorno seguro.

Gracias a un helicóptero de rescate que la vio desde el aire, pudo poner fin a 17 días en los que pudo sobrevivir a base de bayas y agua de fuentes naturales.

«Nunca perdí la esperanza»

Desde el hospital en que se encuentra recuperándose, Eller dijo que estos últimos 17 días fueron «los más duros» de su vida.

«Llegó un punto en que se trataba de escoger entre la vida y la muerte, y yo escogí la vida», dijo entre lágrimas.

«No iba a aceptar la salida fácil, aunque eso significó más sufrimiento y dolor para mí»·

Un helicóptero de rescate, pagado con donaciones a través de la página GoFundMe, encontró a la joven en la referida zona.

Varios informes de medios locales sugieren que la joven perdió peso, y fue gracias a frutas silvestres y agua que pudo alimentarse.

Para poner en marcha el rescate, familiares y amigos crearon una página de Facebook llamada Find Amanda (Encontraremos a Amanda), que fue compartida miles de veces.

La joven también agradeció a los rescatistas y los donantes que hicieron posible la búsqueda en helicópteros.

«No tengo idea de cómo habría pagado por eso», dijo.

Su madre, Julia,  tenía «sentido en su corazón» que su hija estaba viva.

«Nunca perdí la esperanza por un minuto», dijo. «Aunque a veces tuve esos momentos de desesperación, me mantuve fuerte por ella porque sabía que la encontraríamos si seguíamos la búsqueda y persistíamos».

«Estábamos enloqueciendo»

El automóvil y el teléfono móvil de Eller fueron encontrados en el estacionamiento de la Reserva Forestal Makawao, lo que hizo que familiares y amigos sospecharan que la joven se había extraviado durante una excursión.

Su novio, la última persona en verla, dijo que él sentía «fuertemente» que ella estaba en el bosque.

Quince días después de que fue reportada como desaparecida, tres miembros del equipo de búsqueda la avistaron este viernes en un profundo barranco.

La joven habría sido encontrada sin medias ni zapatos y podría tener una pierna fracturada.

«Estábamos enloqueciendo. Tratábamos de no tropezar con nosotros mismos tratando de llegar a ella demasiado rápido», dijo el rescatista Chris Berquest a los medios locales.

Otro miembro del grupo de búsqueda aérea, Javier Cantellops, compartió imágenes y videos del increíble rescate en las redes sociales.

En una publicación en su página de Facebook, describió el hallazgo como «el mejor día de mi vida».

El Empresario Mexicano que casi muere en Los Andes

El sobrino de la cantante Thalia y controversial empresario mexicano Teodoro Ernesto Lavin Sodi, había sido noticia en Argentina al quedar varado por más de cuatro noches en una de las regiones más altas de la cordillera de los Andes. Las noticias y el reporte que el mismo publicó sobre el tema estremecieron a las comunidades cercanas de Vinchina y Chilecito donde permaneció el Empresario por varias semanas.

Este evento recordó la larga lista de incidentes y muertos en esa zona del altiplano andino, entre ellos la reciente historia de una pareja de rosarinos que lamentablemente murieron por las gélidas temperaturas, la muerte de un joven de 24 años quien al intentar recorrer las inmediaciones a caballo perdió la vida por el frio entre otros casos en la zona entre los cuales destacan el famoso vuelo 571 ocurrido a menor altitud a varios kilometros al sur en la misma cadena montañosa.

El reciente recuento publicado por el Empresario mexicano detalla con estremecedores detalles los riesgos que a primera vista no son obvios en las cordilleras de gran altitud.

La escalofriante historia nos hace reflexionar sobre la importancia de siempre salir preparados y en especial cuando se pretenda visitar una de las zonas más remotas e inaccesibles del cono sur.

Aconcagua Imagen extraida del reporte del mexicano Teodoro E. Lavin Sodi

Historias de supervivencia como esta a gran altitud y en pleno invierno austral son muy pocas, en especial al encontrarse solo y sin auxilio las opciones son muy limitadas y dando como resultado una increíble experiencia de supervivencia única, con una noción clara de la importancia de mantener la calma aun cuando las propias circunstancias conducen a la inminente perdida de la vida.

Con un íntimo conocimiento de la Cordillera de los andes y sus peligros, el Empresario Teodoro Ernesto Lavin Sodi tradicionalmente involucrado en situaciones de riesgo, narra en sus palabras las variadas situaciones de muerte que ha vivido en tierra y en el aire, cuenta esta experiencia en primera persona y relata de forma contundente y sin miramientos los riesgos de la región que han conducido a tantas muertes en la zona. El mexicano describe experiencias similares en el Aconcagua cerca de la frontera entre Argentina y Chile y el Illimani en Bolivia entre algunas otras en Mexico, enfrentando además del secuestro de familiares directos y otras eventualidades similares, es, como lo dicen algunos, una persona acostumbrada a las malas noticias.

La increíble historia comienza en Chilecito en un helado junio del 2019, el Empresario quien preside una de las fundaciones mas grandes sin fines de lucro en materia de investigación astronómica y de la prevención de la contaminación del cielo nocturno habría sido invitado al eclipse total de Sol en San Juan Argentina el pasado 2 de Julio.

Chilecito en la Rioja es una comunidad localizada a 570KM de Mendoza Capital con una altitud de 1,080 Metros sobre el nivel del Mar, cercana al sendero del eclipse, este lugar se convertiría en el centro temporal de operaciones del Empresario mexicano. El lugar sobre la famosa Ruta 40, es en algunos casos un punto de partida del Parque Nacional Talampaya localizado a tan solo dos horas del centro de la Ciudad.

Aquel gélido mes de Junio y en pleno invierno austral, la zona de Laguna Brava había experimentado múltiples cierres por condiciones de nevadas y lo que es comúnmente conocido como “ventisca blanca” o “viento blanco”, una condición que hace imposible la ascensión al reducirse la visibilidad a cero con fuertísimos vientos patagónicos de hasta 120 KM/Hr y con temperaturas por debajo de los -25 Grados Centígrados.

Lo que en verano es un paseo off-road relativamente sencillo en invierno se vuelve un paseo riesgoso por lo cual en muchos casos la mayor parte de la temporada se encuentra cerrado. Es precisamente esto lo que llama la atención de aquellos excursionistas que con mas experiencia buscan apreciar los cuerpos de agua helados y las vistas bañadas de blanco en una de las zonas más bellas y alejadas de los Andes Argentinos.

El Empresario narra que el 27 de junio ascendiendo por la Cuesta de Miranda hasta Villa Unión y posteriormente continuando el Ascenso a Vinchina, después de solicitar informes en el pueblo, lleno el tanque de Nafta del vehículo 4×4 que el Empresario conducía.

La zona altiplánica aquel día se encontraba a unos típicos +4 Grados Centígrados con un incesante viento de aproximadamente 50 KM/Hr y con ráfagas de 80 KM/Hr. En esta región de la Rioja, abundantes áreas de hielo y nieve hacen el acenso algo peligroso especialmente por encima de los 3,300 Metros, la zona altiplánica ahí se encuentra por encima de los 4,400 Metros, aunque en condiciones óptimas es posible subir por encima de los 4,800 Metros.

El Empresario ascendió por la brecha de ripio de Jagüe hasta la zona de la laguna, al llegar a la zona altiplánica es común que los offroadistas mantengan una velocidad constante para reducir el consumo de combustible, lo cual es algo necesario ya que quienes practican este peligroso deporte en condiciones de heladas dependen del poco combustible que llevan para regresar. La Rioja se encuentra a 600 kilómetros de las inmediaciones de Pircas Negras, a excepción de Jagüe no hay asentamientos humanos en ninguna zona y aunque las vistas son extremadamente bellas también son engañosamente peligrosas.

Tal es la dificultad para la vida que no hay vida vegetal o animales que habiten la zona alta en invierno, la fauna acostumbrada a este clima vive en altitudes inferiores donde el agua es líquida y existe algo de vegetación, las especies que visitan Laguna Brava lo hacen en primavera y el verano.

Unas horas después de iniciada la expedición, al navegar con dirección a Pircas Negras el Empresario mexicano encontró una zona de acumulación de nieve muy profunda que comúnmente ocurre bajo ciertas condiciones en esa época. En invierno las condiciones del camino son muy traicioneras. El vehículo calló y se detuvo en seco dentro de una gran acumulación de nieve quedando efectivamente varado y enterrado en la misma.

“Me vi arrojado al frente del mismo (Vehículo) …. sabía inmediatamente que estaba en una situación potencialmente peligrosa y que debía tomar acción antes de que cayera la noche. “

El Empresario inmediatamente reconoció la gravedad de la situación, el vehiculo se encontraba hundido en la nieve, totalmente inmovilizado busco una manera de salir por la ventana para verificar las posibilidades de excavar en la nieve, el viento le impedía salir del lado del conductor y al intentar salir por la puerta del copiloto, la nieve le llegaba a la cintura, el vehículo estaba totalmente enterrado.

Los prospectos de vida en invierno a una altitud casi mil metros superior a aquellos del desastre del avión Uruguayo estrellado al sur de su ubicación en la cordillera andina y que algunas décadas atrás habría dejado múltiples muertos y sobrevivientes que tuvieron que recurrir a la antropofagia, no dando muy buenas perspectivas de vida.

La profundidad de la nieve, la gran intensidad del viento, la temperatura y la altitud son una combinación mortal, la perseverancia del Empresario mexicano el cual cuenta con miles de kilómetros de experiencia en Off-Road y en hielo (Muchos de los cuales recorridos en la cordillera de los Andes) le ayudaron a mantener la calma y tomar decisiones informadas.

“He estado en múltiples ocasiones en situaciones inminentes de muerte tanto en tierra como en el aire, … El resultado de estas experiencias es que siempre, no importa que tan grave sea la situación en curso, siempre hay algo que hacer (para sobrevivir).”

Durante la emergencia mantenerse calmado le salvó la vida, en el recuento, el Empresario describe como aisló lo mejor posible el vehículo del frio, uso toda la ropa sucia para abrigarse y aislar la cabina, dedico horas a planear cuidadosamente la extracción del vehículo incluyendo los demás factores que lo mantenían vivo, desde el consumo de combustible, la administración de la energía de la batería, la generación y el uso del agua y lo más importante, la conservación del calor, fue consumando cuidadosamente cada tarea según datos que iba adquiriendo conforme avanzaban las horas, buscando soluciones a cada uno de los problemas que se le iban presentando.

Al estar hospedado en Chilecito y no tener aclimatación de la altitud, el tiempo era un factor muy importante, la adecuada identificación de los riesgos fue clave en su supervivencia, aun con cadenas y el equipo adecuado abordo, el clima de la zona hace muy difícil cualquier trabajo manual, el viento impide ver y la nieve se encuentra a una temperatura tan fría que se comporta como arena de playa. Le fue imposible obtener tracción, saliendo a realizar trabajos cada 2 minutos para mantener el calor, haciendo rondas para extraer el vehículo, necesitaba cavar en la nieve y tuvo que improvisar usando guantes con calcetas usadas y cinta adhesiva, describe como elaboró un dispositivo con cajas para mantener la temperatura corporal en los pies y manos.

“El viento era tan fuerte que el mismo ingresaba por los controles de los cristales y la manija de la puerta como si fuese una ventila de aire acondicionado soplando al máximo, busqué cinta adhesiva gruesa y cuidadosamente tape todos los controles de los cristales, las manijas para abrir las puertas y demás pequeñas grietas en el plástico permitían el ingreso del aire frio, lo mismo hice en lugares donde sabía que había presión negativa y donde existía una pérdida de calor la cual no era tan evidente.  “

Durmiendo en intervalos de 45 Minutos ciclaba el motor del vehículo para calentarse y evitar que la batería se congelara, salió a explorar encontrando dos postes de madera que pertenecían a viejos letreros que el viento había arrancado, la caminata describe, era muy difícil por el viento y la altitud, en algunas zonas Altiplánicas el viento contiene mucho menos densidad de oxígeno, especialmente cuando el viento proviene del oeste de las zonas más altas de la cordillera contiene incluso menos oxígeno.

A cientos de KM de cualquier asentamiento con señal celular, decidió entonces escarbar a mano todo el vehículo y hora a hora removía nieve del lugar para poder salir y regresar a la civilización, sin desesperarse el Empresario mexicano salía en ordenados incrementos de 35 segundos a excavar la nieve enfrentando las tormentas de hielo y vientos patagónicos que en ese momento azotaban las inmediaciones, siguiendo el plan que conforme pasaban las horas lograban que el vehículo se moviera al menos algunos centímetros hacia la salida.

Sin embargo, el clima no cooperaba, los días siguientes las condiciones climáticas habrían tornado la cima en una tormenta que cegaba la vista y ocultaba el sol, el viento blanco a velocidades de tormenta impedían salir del vehículo a realizar cualquier trabajo, los vientos patagónicos en esa zonas del altiplano son mucho mayores a aquellos sentidos cerca del nivel del mar.

“ lamentablemente a la mañana siguiente las condiciones no mejoraron, abrir la puerta suponía llenar la cabina de hielo, solamente sacar la mano me dejaba con una acumulación de hielo de casi media pulgada, tuve que esperar hasta las 12 de la Mañana para poder salir a iniciar las maniobras.”

Una vez liberada la nieve superficial el chasis del vehículo se encontraba prácticamente adherido, los cuatro neumáticos se encontraban flotando en la nieve ya que el peso del vehículo estaba siendo sostenido enteramente por el chasis el cual se había vuelto hielo.

Usando el gato hidráulico del vehículo el Empresario mexicano logro alzar cada lado para construir un camino empedrado bajo el mismo, trayendo con evidente dificultad piedras de la rivera de la laguna hasta la zona del siniestro las colocaba cuidadosamente para lograr que el vehículo tuviera una superficie de tracción liberándolo poco a poco de su helada prisión.

En los cuatro días en los que estuvo en la cima, no vio ninguna otra forma de vida, ningún animal, ningún visitante, nada, su salud se estaba deteriorando, sus pulmones sufrían de MAM (mal agudo de montaña) y Edema Pulmonar, un mal de altura avanzado que reduce la capacidad pulmonar aún más, respirar se vuelve un doloroso proceso que no satisface las necesidades de oxígeno del cuerpo provocando en muchas personas la muerte.

“Aun con mi limitada capacidad pulmonar continué haciendo los trabajos sin parar, durante los ciclos entre trabajo exterior y calentamiento dentro del vehículo constantemente monitoreaba los alrededores en la nieve.”

A pesar de lo que se informó en los medios no hubo ningún rescate, las autoridades no estaban enteradas de la emergencia, se descubrió que el Empresario no había regresado a su base en Chilecito la noche siguiente lo cual ocasiono una gran conmoción y preocupación en la comunidad, diversas teorías conspirativas abundaron en internet y en medios de comunicación, las autoridades desconocían de la emergencia y del paradero del Empresario.

Gracias a una expedición suiza integrada con varios vehículos los que subieron a la cima fue posible el contacto visual con el Empresario. La expedición suiza subió por el poblado de Vinchina al Altiplano y al internarse hacia mulas muertas a lo lejos pudieron identificar un vehículo rojo el cual ya estaba prácticamente desenterrado y liberado. Cuando la expedición se acercó al mismo intercambiaron historias y el empresario decidió abandonar el vehículo para bajar con la expedición suiza al poblado de Vinchina, 3000 metros más abajo.

“ cada metro que descendíamos mi claridad mental aumentaba, el aire se volvía más denso y lleno de oxígeno, durante nuestro descenso tuvimos que cambiar un neumático en uno de los vehículos, pareciera como si la laguna no quisiera que volviéramos a casa. “

Finalmente, al llegar a Vinchina, el empresario hizo una parada en el hospital para pedir potasio y cloruro de sodio, con sed y con las heridas en las manos estaba en general en buen estado de salud.

“ Platique un largo rato con el personal del hospital que estaba sorprendido, quienes escuchaban la historia de manera atenta mientras disfrutaba de un suero oral caliente” .. “había un bote grande de alcohol etílico, lo vacié sobre ambas manos gritando, todos reían al interior del hospital. Los suizos me habían regalado unos guantes y un gorro el cual fue bien agradecido durante mi estancia en el lugar”

Aunque confiesa que fue otra gran experiencia, Teodoro Lavin Sodi advierte que la cordillera no es realmente un lugar para turistas, aquellos que se atrevan a explorarla deben llevar guía y estar preparados para cualquier imprevisto, evitando subir con motores diésel y tener una adecuada y cuidadosa planeación del combustible y del agua a bordo.

Teodoro Ernesto Lavin Sodi
Imagen de la Expedicion al Aconcagua (Extraido de la publicacion de Teodoro Ernesto Lavin Sodi)

Después de que el empresario públicamente agradeció a todas aquellas personas en Chilecito y Vinchina quienes estuvieron pendientes durante este evento, remarcó que:

“la zona debe ser visitada con las precauciones necesarias” y “no subir sin la experiencia adecuada”.

“ Este episodio es sin duda otra gran experiencia en la montaña, sin embargo estos hechos deben servir como historia precautoria a los visitantes de esta región en los Andes.”

Como excursionistas todos tenemos que tener una visión mucho más informada de los riesgos a los que nos enfrentamos, en situaciones como esta se incrementaban las probabilidades de supervivencia de forma significativa si sabemos que hacer, es importante prepararse o explorar siempre con alguien preparado.

Imagen del Reporte (Extraido de la publicacion oficial)

Teodoro Ernesto Lavin Sodi es un sobreviviente más de los Andes.

LA MUJER QUE SOBREVIVIO EN LA NIEVE ESPERANDO LA AYUDA DE SUS AMIGOS MUERTOS.

Georgina Oñate pasó 26 horas en una camioneta varada en una ruta desolada de Neuquén. Sus acompañantes salieron a buscar ayuda pero murieron

Los dos hombres que estaban desaparecidos desde el miércoles 18 de este mes cuando fueron a buscar ayuda tras quedar varados en la nieve con el vehículo en el que se trasladaron, fueron encontrados muertos dos días después, el 20, en cercanías de Primeros Pinos, en Neuquén.

Se trata de Francisco Herrera, de 52 años, y Daniel Venegas, de 32, quienes habrían muerto por las bajas temperaturas reinantes en esa región, y al no haber encontrado resguardo durante la madrugada.

Todo comenzó cuando los dos hombres y una mujer regresaban en una camioneta Toyota Hilux a la localidad de Plottier, por la ruta provincial 13, procedentes de Aluminé después de asistir a un encuentro religioso.

En medio del camino, la camioneta gris en la que se trasladaban tuvo un desperfecto mecánico por la acumulación de nieve y los hombres partieron en busca de ayuda.

Mientras que la mujer que los acompañaba, Georgina Oñate de 32 años, se quedó dentro del vehículo.

El jueves 19, la mujer fue encontrada dentro de la camioneta, a la altura de Pampa de Lonco Luan, a 38 kilómetros de Villa Pehuenia, en perfecto estado de salud y contó que los hombres habían salido a pie a buscar ayuda para poder remolcar el vehículo y llegar a destino, pero nunca regresaron.

Ambos hombres fueron encontrados sin vida a un costado del camino entre la nieve a pocos kilómetros de Primeros Pinos.

Luego de la tragedia, la mujer sobrevivinente relató a La Mañana de Neuquén cómo fueron las horas de desesperación y angustia. “Muchos hablan y dicen que fuimos inconscientes, pero no había nada que nos avisara que no estaba transitable esa ruta, supuestamente estaba habilitada”, comenzó.

 “Íbamos bien, agarramos la ruta de Primeros Pinos, que estaba habilitada, nadie nos dijo que no se podía pasar”, recalcó. En medio de ese vieja, se les quedó la camioneta: ““El «Rulo” (Daniel) se acordó que cuando íbamos por la ruta pasamos por un lugar donde había una máquina y dijo: ‘voy hasta ahí, la sacamos, la usamos y la devolvemos’”. Eran las 14 del miércoles.

Francisco y Georgina se quedaron dentro de la camioneta. “Rulo” tardó unas dos horas y regresó con las manos vacías. En el vehículo no encontró las llaves, y no había nadie a su alrededor.

“Cuando lo vimos venir me puse a prepararle unos mates para que tome algo caliente. Comimos unos sanguchitos y Francisco dijo que iba a salir, que sabía que cerca estaba la Gendarmería”.  El otro joven lo siguió, y salieron juntos. Esa fue la última vez que fueron visto con vida.

«Cuando empezó a oscurecer me empecé a preocupar. Francisco me había dicho que mantuviera las balizas prendidas. Y cuando estaba oscuro empecé a tocar bocina, a prender las luces, las balizas, para que ellos escucharan si se habían desorientado. Y lloraba, porque era lo único que podía hacer”, relató a ese medio.

Getntileza lmneuquen

Esa noche, la mujer, aterrada y preocupada por sus amigos, no durimió ni bebió ni comió, pese a que tenía alimentos. No quería que le dieran ganar de orinar y tener que salir de la camioneta al frío mortal.

“Tenía mucho frío, prendí la camioneta, y en esas prendidas y apagadas se me quedó en contacto y se agotó la batería, y me entré a desesperar. Dije: voy a morir”, recordó la mujer, quien relató que luego le pidió «a dios que no quería morir, que necesitaba una oportunidad”.

“En eso me quedo dormida, y cuando me despierto miro por el espejo y veo a tres personas caminando. Mi cabeza no sé en qué estaba, porque lo que pensé fue en que me podrían venir a robar. Me quedé quieta hasta que vi que tenían uniformes. Pensé que lo había logrado, que dios me había escuchado y me había salvado”,  recordó emocionada.

Georgina esperaba que sus salvadores le dijeran que fueron sus compañeros los que les habían avisado. “Pero cuando me dijeron que no, se me vino el mundo abajo y les dije que habían salido ayer y que no habían vuelto, que por favor los buscaran”.

“Fue la peor noche de mis 32 años. Más que miedo, era desesperación de no saber dónde estaban los chicos. Salieron a esa hora para volver temprano. Pero no volvieron”, dijo.

A 40 kilómetros de donde se habían quedado y un día después, los encontraron sin vida. Estaban los dos juntos, con sus cuerpos casi cubiertos por la nieve.

Este es otro caso mas donde la preparación es clave, no salga en condiciones invernales sin estar preparado.

¡El hombre que Sobrevivió dos semanas atrapado en un automóvil cubierto de nieve!

Daryl Blake Jane sabía que estaba en problemas cuando su Jeep Cherokee quedó enterrado en la nieve, esta es una de las historias de supervivencia mas increíbles, sobrevivir en el frio es una de las cosas mas difíciles que existe.

ISLA BAINBRIDGE, Washington. – Daryl Blake Jane sabía que estaba en problemas cuando su Jeep Cherokee quedó enterrado en la nieve en una remota carretera del Servicio Forestal de los Estados Unidos al oeste de Mount Adams.

Jane, de 37 años, racionó su pequeño suministro de agua, pasteles de arroz y chips de plátano y puso en marcha el motor durante solo siete minutos al día, suficiente para descongelar el vehículo. Evitó que la nieve se acumulara en el vehículo y pasó mucho tiempo meditando en su saco de dormir bebiendo agua de los charcos para sobrevivir.

El sábado, después de estar varado durante casi dos semanas y escribir mensajes de despedida a amigos y familiares, fue encontrado por un grupo de búsqueda asistido por una moto de nieve y fue rescatado sin siquiera haber perdido dedos de manos y/o pies por congelación.

«Afortunadamente, él perseveró», dijo Tim Wilkins, tío de Jane y compañero residente de esta isla en Puget Sound, al oeste de Seattle. «Era muy metódico. Sabía exactamente qué hacer para sobrevivir».

Jane se fue el 18 de noviembre para asistir a una «reunión espiritual» en Trout Lake, planeando regresar al día siguiente para ver fútbol con la familia. Cuando no regresó y no pudo presentarse a trabajar dos días después, un lunes, Wilkins acudió a las autoridades, pero la investigación no se había iniciado.

«No teníamos nada que probar dónde estaba», la familia obtuvo una lista de unas 30 personas que asistieron a la reunión, pero ninguna recordó haber visto a Jane, y una búsqueda inicial por el lago Trout resultó infructuosa.

Los recibos de la tarjeta de crédito mostraban que Jane había comprado un tambor en Tacoma el día que salió de la isla, aparentemente para usarlo en un círculo de tambores en la reunión, y luego compró comestibles en Morton esa tarde.

Eso significaba que se dirigía al sur hacia Trout Lake a través del Bosque Nacional Gifford Pinchot, y para el 30 de noviembre Wilkins dijo que los familiares tenían un «sentimiento» de que estaba en Forest Road 23.

Dijo que los agentes del alguacil dijeron que el camino ya había sido registrado, pero los familiares tenían dudas y solicitaron la ayuda de Jim Meslow de Packwood, quien encabeza un equipo de motos de nieve llamado «Drift Skippers».

El sábado, dos semanas después de que Jane se dirigiera a Trout Lake, se abrieron paso a través de la nieve de hasta siete pies y muchos árboles caídos para encontrar a Jane, exhausta y hambrienta pero aún viva, en su vehículo a 33 millas a lo largo del solitario camino de 57 millas. .

«Nadie podía creerlo realmente», dijo Wilkins. «No creo que nadie haya durado tanto tiempo en temperaturas tan heladas».

La familia obtuvo algunas lecciones importantes de la experiencia, dijo.

«Aprendimos a apreciar todos los días y sacar el máximo provecho de cada día», dijo, «y también siempre dejamos que la gente sepa a dónde vas y la ruta que vas a tomar».

¿Qué se puede aprender de este evento actual?

El objetivo principal de estos informes es reducir el riesgo de muerte en situaciones no previstas, saber que hacer y dar prioridad a ciertos aspectos como la conservación del calor es la diferencia entre sobrevivir y morir. Los casos de otros exploradores que se han perdido o atascado en la nieve profunda se convierten rápidamente en mortales cuando no hay preparación o cuando se toman malas decisiones.

Este caso es muy similar al del Empresario Mexicano que sobrevivió en los andes a una altitud de 4,400 metros por varios días, aunque con una altitud tan mayor el riesgo de muerte es extremo ambos guardaron la calma y tomaron las decisiones correctas.

Daryl Jane sabía exactamente dónde estaba cuando quedó varado en un remoto camino del Servicio Forestal cerca del monte. Adams Estaba en su vehículo a 33 millas a lo largo del solitario camino de 57 millas. Decidió quedarse con su automóvil que contenía un saco de dormir y ropa abrigada y seca. Tenía agua y comida en el SUV para mantenerse hidratado y alimentado con carbohidratos simples (dulces y barritas energéticas). Estaba seco Tenía aislamiento y una fuente de calor intermitente. Mantuvo su SUV visible desde el aire cepillando la nieve del techo azul brillante del Jeep Cherokee. Sabía que los amigos sabían dónde había estado y que llamarían al 911 cuando no regresara a su casa y al trabajo.

Si su forma de auto rescate no es clara y factible, siempre es mejor quedarse en un lugar y marcar la ubicación. Si comienza a enfriarse, siga haciendo ejercicio para mantener el calor corporal generado por el uso de músculos grandes y busque refugio del viento. Coma y beba para obtener calor produciendo procesos corporales.

Los casos que hemos estudiado sobre vehículos atascados en la nieve tienen sobrevivientes siempre y cuando los afectados conservan la calma y tienen entrenamiento, pero aun con todo el entrenamiento algunos sobrevivieron y algunos no lo hicieron. Algunos sobrevivieron con la pérdida de pies y dedos.

Sobrevivir en clima frio es extremadamente difícil, Daryl Jane es otro gran sobreviviente en Explorers Survival World!

Milagro en los Andes!

Sin duda los Andes es uno de los lugares mas inhóspitos y peligrosos del mundo, el accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, conocido popularmente como el «Milagro de los Andes» o «Tragedia de los Andes», ocurrió el viernes 13 de octubre de 1972 y es uno de los relatos de supervivencia mas importantes de la historia.

Aquí en Explorers Survival World te contamos este crudo y terrible relato que inspiro incluso a Hollywood con datos precisos sobre esta tragedia.

La historia comienza cuando el avión militar con 40 pasajeros y cinco tripulantes que conducía al equipo de rugby Old Christians ―formado por alumnos del colegio uruguayo Stella Maris― se estrelló en un risco de la cordillera de los Andes en Mendoza (Argentina), a 3600 msnm, en ruta hacia Santiago de Chile.

El accidente

El 12 de octubre de 1972, el Fairchild Hiller FH-227 perteneciente a la Fuerza Aérea Uruguaya partió del Aeropuerto Internacional de Carrasco transportando al equipo de rugby del club de exalumnos del Colegio Stella Maris de Montevideo, que se dirigía a jugar un partido contra el Old Boys (de Santiago de Chile). Se desarrollaba en ese momento un frente de inestabilidad en todo el sector de la cordillera central.

Al mando del aparato estaba el coronel Julio César Ferradas, y su copiloto, el teniente coronel Dante Lagurara, al mando de los controles del avión. Además, completando la tripulación, iban el navegante, teniente Ramón Saúl Martínez, el sobrecargo Ovidio Ramírez y el mecánico Carlos Roque. Este tipo de avión tiene la particularidad de volar con la cola más baja que la nariz, como el vuelo de un ganso. Su techo máximo es de 6800 msnm y su velocidad máxima de 437 km/h.

El mal tiempo les obligó a detenerse en el aeropuerto El Plumerillo, en la ciudad de Mendoza, Argentina, donde pasaron la noche. Al día siguiente, el frente persistía, pero debido a la premura del viaje y hechas las consultas pertinentes, se esperó solo hasta la tarde, cuando amainaron levemente las condiciones de tormenta.

El vuelo continuó por la tarde del 13 de octubre despegando a las 14:18 (hora local) con destino a Santiago de Chile. La ruta a seguir sería vía Paso del Planchón entre las ciudades de Malargüe (Argentina) y Curicó (Chile). El avión ascendió hasta los 6000 msnm volando en dirección sur manteniendo la cordillera a su derecha. Contaban con un viento de cola de 20 a 60 nudos. A las 15:08 comunicaron su posición a la estación de control de Malargüe girando en dirección noroeste hasta volar por la ruta aérea G17 sobre la cordillera. Lagurara estimó que alcanzarían el Paso del Planchón ―el punto de las montañas donde se pasaba del control de tránsito aéreo de Mendoza al de Santiago― a las 15:21 horas. Un mar de nubes blancas se extendía por debajo de ellos.

Todo iba bien; sin embargo, hubo un cambio de suma importancia: la dirección y sentido de los vientos cambiaron de modo que el Fairchild pudo ver reducida su velocidad de crucero en un 15 %, de 210 a 180 nudos. Aparentemente no se consideró esta variable crucial y se cometió un error de navegación que provocó que estuvieran más al norte y más al este de lo que pensaban. Dado que el paso estaba cubierto por nubes, los pilotos estimaron en base al tiempo habitual empleado para cruzar el mismo. Sin embargo, no tuvieron en cuenta los fuertes vientos en contra que desaceleraron el avión y el consiguiente aumento de tiempo necesario para completar la travesía.

A las 15:21 Lagurara informó a los controladores aéreos de Santiago de Chile que sobrevolaban el Paso del Planchón y que calculaba alcanzarían Curicó a las 15:32 (11 minutos después), cuando en realidad sobrevolaban la cordillera a la altura de San Fernando, aproximadamente 50 kilómetros al norte y con montañas de alturas mayores. Unos tres minutos más tarde, el Fairchild comunicó de nuevo con Santiago de Chile informando que divisaban Curicó. El avión viró entonces a rumbo norte, aproximadamente 70-100 km antes de la ruta hacia el aeropuerto Pudahuel.

La torre de control de Santiago dio por buena la posición comunicada por Lagurara, autorizándole a descender a los 3500 msnm, dando por hecho que se dirigía hacia el aeropuerto de Pudahuel al oeste de Santiago de Chile, cuando en realidad se adentraban en los encajonamientos de la cordillera en medio de los cordones montañosos, sobrevolando el límite argentino-chileno y en las inmediaciones del volcán Tinguiririca de la provincia de Colchagua. Dicho error de más de 100 km dificultó posteriormente las tareas de búsqueda y rescate.

Contando con autorización, el Fairchild, teniendo un techo bajo de nubes, comenzó el descenso apoyado por instrumentos entre la niebla de una tormenta en desarrollo mientras todavía se encontraban sobre las montañas. Descendió 1000 m. A esa altura el Fairchild entró en una nube y comenzó a dar sacudidas. El aparato descendió varios cientos de metros de golpe al atravesar varios pozos de aire. Ante esta situación, algunos pasajeros de cabina hicieron chistes sobre el incidente. No faltó quien alzara los brazos y vitoreara como en una montaña rusa, incluso jugando con un balón de rugby.

La serie de descensos bruscos continuados hicieron que el avión perdiera más altitud (casi 1500 m), momento en el que muchos de los pasajeros quedaron estupefactos al ver que el ala del avión estaba muy cerca de las montañas. Dudaron de si aquello era normal y unos momentos después los pasajeros se miraban unos a otros con terror, mientras otros rezaban esperando el inevitable choque del avión.

Mapa del lugar del accidente del FAU 571, donde se encuentra indicada la vía recorrida a pie por los supervivientes Parrado y Canessa.

El Fairchild descendió aún más y se metió en un largo cajón de aproximadamente 12 km de elevadas cimas en medio de una nube neblinosa. Repentinamente, la niebla se abrió, al tiempo que los pilotos vieron cómo su aeroplano estaba en rumbo frontal de colisión, con la parte final del cajón cerrada por un alto risco, colindante con el cerro Seler. La alarma sonora de colisión (Pull Up) dentro de la cabina se activó, lo que alarmó a pasajeros y tripulación. Lagurara desesperadamente desvió el avión enfilando levemente al noroeste hacia estribor enfrentando la parte que aparentemente parecía ser más baja de los farallones, acelerando y jalando a fondo los controles de los planos para tomar altura.

La aeronave se enfrentó a una cumbre (4400 msnm) que el comandante Lagurara a duras penas y mediante un extraordinario sobresfuerzo físico pudo evitar la colisión frontal y salvar la nariz del aparato por apenas un par de metros; pero golpeó la cola en la orilla de la cumbre en un pico sin nombre (posteriormente bautizado cerro Seler, por Nando Parrado en honor a su padre llamado así), situado entre el cerro El Sosneado y el volcán Tinguiririca, en el lado argentino de la frontera entre Argentina y Chile.

El aparato golpeó una segunda vez un risco del pico a 4200 msnm, perdiendo el ala derecha, que fue lanzada hacia atrás con tal fuerza que cortó la cola del aparato a la altura de la ventanilla Nº 8 de 10 por el lado de babor y Nº 7 por el lado de estribor. Al desprenderse la cola con el estabilizador vertical, quedó abierto tras sí el interior en la parte posterior del fuselaje. En este desprendimiento, se descolgaron al menos dos filas de asientos que salieron volando al vacío. En este momento murieron instantáneamente cinco personas, incluido el sobrecargo, que iban atados a sus asientos.

Al golpear el avión por tercera vez en otro pico, perdió el ala izquierda, quedando en vuelo únicamente su fuselaje, a manera de proyectil. Éste, aún con bastante velocidad, golpeó tangencialmente el terreno nevado y resbaló por una amplia ladera nevada y empinada de más de 1 km de largo dando una curva en su descenso hasta detenerse golpeando en un banco de nieve. En el descenso, dos pasajeros más, atados aún a sus asientos, salieron despedidos por el boquete posterior.

Excursionistas en el lugar del incidente

El sitio donde quedó el avión es una pendiente de los Andes que mira al este, a 3600 msnm, en el glaciar de las Lágrimas, en la alta cuenca del río Atuel, provincia de Mendoza, en el centro-oeste de la Argentina; se ubica en el distrito Malargüe, muy próximo al límite con el distrito El Sosneado, en el departamento San Rafael. Dicho lugar está a 1200 m de la frontera argentino-chilena, pero a mucha menor altitud, pues la frontera alcanza allí alturas de hasta 4770 msnm.

El golpe de la nariz del avión contra el banco de nieve resultó fatal para los tripulantes de cabina. La fuerza del golpe hizo que el copiloto se azotara fuertemente la cabeza contra el bastón de control ocasionándole una muerte instantánea; y el tren de aterrizaje delantero, todavía en su pozo, se desplazara hacia atrás comprimiendo fuertemente la cabina del avión, atrapando a los pilotos contra el panel de instrumentos. Lagurara quedó con su cabeza fuera de la ventanilla y con su pecho y cuerpo comprimido y atrapado contra el fuselaje en el interior.

Los pasajeros que quedaron dentro del fuselaje, por la inercia, fueron comprimidos en sus asientos hacia la parte frontal de éste, que se elevó hasta casi tocar el techo. La fuerza de la inercia hizo que los asientos se soltaran de sus bases y atraparan a muchos por las piernas. Algunos de los fallecidos quedaron comprimidos entre asientos o atrapados por ellos mismos. Algunos pasajeros sufrieron traumatismo craneoencefálico (TCE), lo que provocó su muerte, mientras que otros quedaron atrapados en sus asientos sin posibilidad de zafarse. Para el resto, el golpe fue amortiguado. Increíblemente, algunos pasajeros resultaron ilesos o con tan solo heridas leves. Hubo otros pasajeros con heridas internas graves que fallecieron en horas posteriores. De inmediato, Marcelo Pérez, el capitán del equipo de rugby, organizó a los ilesos para ayudar a liberar a los que seguían atrapados y a los heridos, despejando el fuselaje para prepararse para la noche. Uno de los supervivientes salió por atrás del fuselaje y a tientas entre la nieve y el fuselaje se acercó al piloto agonizante. Lagurara solicitó agua, a lo que el superviviente le acercó nieve a la boca. Entonces, empezó a decir: «Anota, estamos en Curicó, anota…». Entonces, Lagurara le pidió que tomara el revólver de la cabina y que le disparara, cosa que no ocurrió. El piloto Julio Ferradas había muerto instántaneamente, víctima de un TCE y el copiloto Dante Lagurara murió congelado tras agonizar toda la noche, al amanecer del día siguiente. (Ver nota 1 al pie de página)

Supervivencia de 72 días

El volcán Tinguiririca, cerca del cual se estrelló el avión.

De las 45 personas en el avión, trece murieron en el accidente o poco después (entre ellos cuatro de los cinco miembros de la tripulación); otros cuatro habían fallecido a la mañana siguiente, y el octavo día murió la pasajera de nombre Susana Parrado debido a sus lesiones, hermana de Fernando. Los 27 restantes tuvieron que enfrentarse a duras condiciones ambientales (-25 a -42 °C) de supervivencia en las montañas congeladas, aún en plena época de nevadas, en medio de la primavera austral. Durante varios días las partidas de rescate intentaron localizar los restos del avión sin éxito. Incluso algunos aviones estuvieron cerca del lugar, pero muy alto para poder encontrarlos.

Muchos de los supervivientes habían sufrido diversas lesiones cortantes o moretones y carecían de calzado y ropa adecuada para el frío y la nieve. Se organizaron para resistir las duras condiciones imperantes. A pesar de las condiciones y el grado de debilidad y aletargamiento, los supervivientes liderados por el capitán del equipo fabricaron elementos y utensilios ingeniosos tales como alambiques, guantes (con los forros de los asientos del avión, que se desprendían con facilidad), botas (con los cojines de los mismos) para evitar hundirse en la nieve al querer trasladarse, y anteojos (con el plástico tintado) para resistir el encandilamiento de la nieve o el frío.

La mayoría de los supervivientes dormían con un par de pantalones, tres o cuatro suéteres, tres pares de calcetines, y algunos se tapaban la cabeza con una camisa para conservar el aliento. Para evitar la hipotermia, en las noches más frías, se daban masajes para reactivar la circulación e intentaban mantener la temperatura corporal en contacto entre sí. Algunos preferían dormir descalzos para evitar golpear a alguien con sus zapatos. La búsqueda se suspendió ocho días después del accidente. En el undécimo día en la montaña los supervivientes escucharon por una radio a pilas, con consternación, que se había abandonado la búsqueda.

La noche del 29 de octubre, a 16 días ya de la caída, una nueva tragedia se cernió sobre el resto del avión y sus ocupantes. En la noche, a eso de las 23:00, un alud se deslizó y sepultó los restos del Fairchild FH-227D, entrando por el boquete de la parte posterior, arrasando el muro provisional que se había fabricado como protección y sepultando a quienes dormían en su interior, salvo a un joven, Roy Harley, quien desesperadamente comenzó a cavar en busca de los que yacían bajo la nieve. Pese a los desesperados intentos de rescate por sus compañeros, ocho personas murieron asfixiadas bajo la nieve, incluyendo al capitán del equipo Marcelo Pérez y al último pasajero de sexo femenino, Liliana Navarro de Methol. No obstante, el enterramiento del fuselaje permitió al resto de los supervivientes no morir congelados más adelante.

En esta nueva situación las condiciones de supervivencia se endurecieron aún más. Apenas disponían de espacio en el interior, contando con menos de un metro hasta el techo solo en la parte delantera del fuselaje. Se percataron suficientemente a tiempo de la carencia de oxígeno al ver que la llama de un mechero tendía a apagarse. Nando Parrado localizó una vara con la que golpeó el techo del fuselaje hasta conseguir hacer un agujero, pero la capa de nieve por encima del fuselaje le obligó a seguir perforando hasta llegar a la superficie por donde finalmente pudo entrar el oxígeno que necesitaban.

Podían sentir cómo en el exterior se estaba desarrollando un duro temporal del cual se protegerían en el interior del fuselaje; sin embargo carecían del alimento que almacenaban fuera del mismo. Esto les obligó a hacer uso de alguno de los cuerpos de sus compañeros fallecidos en el alud que se encontraban en el interior. Este hecho les condicionó de tal modo que posteriormente reubicarían los cuerpos, tendiendo en cierta medida a dispersarlos pensando que así facilitarían más su disponibilidad ante situaciones inadvertidas.

A mediados de noviembre fallecieron dos jóvenes más (Arturo Nogueira y Rafael Echevarren), a causa de la infección de sus heridas, gangrena. El 11 de diciembre, moriría la 29.ª y última víctima del accidente por la misma causa (Numa Turcatti). Los supervivientes disponían apenas de alimentos. A pesar de que durante los días posteriores al accidente racionaron la comida disponible, pronto se mostró insuficiente. En el lugar donde se habían estrellado no había vegetación ni animales de los que pudieran alimentarse; el terreno era suelo desnudo con nieves perpetuas.

Decisión por la vida

El grupo pudo sobrevivir durante 72 días y no morir por inanición gracias a la decisión grupal de alimentarse de la carne de sus compañeros muertos (práctica denominada antropofagia), quienes estaban enterrados en las afueras del fuselaje. No fue una decisión fácil de tomar, y en un principio algunos rechazaron hacerlo, si bien pronto se demostró que era la única esperanza de sobrevivir. Muchas consideraciones pasaron por el tema religioso católico. Pronto se impuso la regla (o exigencia) de no utilizar como alimento a ningún familiar cercano, ni tampoco a algún fallecido de sexo femenino.

En un primer momento quisieron utilizar la radio de la cabina para pedir auxilio, pero carecía de energía, pues la batería estaba en la cola que habían creído divisar 2 km más arriba. Varios de los supervivientes intentaron localizar la sección de cola que había sido arrancada a raíz del primer impacto, esperando poder recuperar las baterías que se encontraban en esa parte del avión. Cuando por fin llegaron a la sección de cola, ubicada a la distancia que habían supuesto, vieron que las baterías resultaban excesivamente pesadas (cerca de 23 kg cada una) para trasportarlas hasta el fuselaje del avión, por lo que decidieron desmontar la radio de la cabina y llevarla hasta la cola del avión; la batería estaba en buen estado. Además en algunas valijas hallaron chocolates y licores.

A pesar de todos sus esfuerzos no lograron comunicarse con el exterior pues un cortocircuito, originado debido al desconocimiento, dañó irreparablemente la radio. Junto con el hallazgo de la cola, también hallaron los cuerpos de dos pasajeros enterrados y aún unidos a sus asientos por los cinturones de seguridad. El extremo frío de la alta montaña era el peor enemigo que debían afrontar los supervivientes; sin embargo, gracias a estas temperaturas se podía conservar adecuadamente la carne y se impedía por completo el desarrollo de las infecciones que podrían haber producido los microorganismos que estaban en ese momento ausentes debido a estas condiciones, aún ya habiendo comenzado el verano austral en la última etapa.

Rescate

Para comienzos de diciembre de 1972, el deshielo dejó al descubierto el fuselaje nuevamente y los superviviente pudieron disfrutar de días soleados. Los superviviente finalmente vieron que su única esperanza consistía en ir a buscar ayuda. El 12 de diciembre de 1972, Nando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín parten en busca de ayuda.

Al creer en todo momento que se encontraban ya en territorio chileno, es decir, en el lado occidental de la cordillera andina, tomaron la errada decisión de caminar rumbo al poniente (oeste), teniendo que encarar el cruce del encadenamiento principal de los Andes sin medios, preparación, ni fuerzas adecuadas. Si la marcha se hubiese efectuado hacia las pampas argentinas, el esfuerzo habría sido mucho menor, pues allí el terreno rápidamente desciende hacia el oriente, logrando arribar a los primeros criadores de cabras y ovejas en un recorrido mucho más acotado y accesible. En particular a unos 21 kilómetros en línea recta se encuentra el Hotel Termas del Sosneado, que en aquellos días albergaba víveres y se encontraba custodiado por una persona con ayuda de la cual probablemente les hubiera sido mucho más fácil encontrar la civilización. La gran altitud del cerro Sosneado y la ubicación errónea facilitada por el miembro de la tripulación moribundo en la cabina, les desorientó completamente.

El tercer día de marcha, Antonio Vizintín resbala y se produce una lesión motora, por lo que deciden enviarlo de vuelta. También le pidieron dejar su ración de carne, ya que el trayecto sería más largo de lo calculado.

Diez días después de partir de los restos del fuselaje, y habiendo caminado unos 59 km aproximadamente, llegan a la precordillera de San Fernando, al sector de Los Maitenes. Recorren un río para vadearlo por casi día y medio, y no pueden lograrlo por la crecida del deshielo. Canessa comienza a sentirse enfermo, por lo que Nando debe llevar las dos mochilas. La carne que llevaban consigo comenzó a descomponerse rápidamente debido al aumento significativo de la temperatura de la precordillera. Al amanecer del día siguiente, ven en la otra orilla a un arriero que los observa. Nando intenta comunicarse con él, pero el fragor del río no lo permite. Entonces el arriero inteligentemente ata hojas de papel y un lápiz a una piedra y la lanza sobre el río. Nando escribe un mensaje y a duras penas, por su debilidad, logra hacerle llegar el escrito donde dicen ser supervivientes de un avión siniestrado. El mensaje decía:

    Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?

Al reverso, una última nota, con lápiz labial: «¿Cuándo viene?».

El arriero, quien resultó ser Sergio Hilario Catalán Martínez, de 44 años entonces, entiende el mensaje, les lanza tres trozos de pan amasado con queso y se dirige al retén de Puente Negro a cargo de Carabineros de Chile con el capitán Leopoldo Vega Courbis al mando. Es el más próximo (a diez horas de marcha) y da la noticia. Luego de ello, una patrulla de Carabineros se dirige al sector y le brindan ayuda.

Fernando Parrado y Roberto Canessa junto al arriero Sergio Catalán que los descubrió, después de diez terribles días de caminata.

La noticia de la aparición de supervivientes del avión uruguayo se hace pública e invade las ondas radiales. Esta noticia es captada por la radio portátil de uno de los supervivientes en el lugar del desastre y saben que Canessa y Parrado han sido encontrados.

Aquel día 22 de diciembre, los pilotos chilenos Carlos García, Jorge Massa y Mario Ávila se preparaban para volar en un DC-6 a Punta Arenas, cuando recibieron, incrédulos, la noticia de que habían aparecido supervivientes del avión uruguayo extraviado hace más de dos meses en la cordillera. Se habían realizado por parte de la Fuerza Aérea de Chile, hasta suspenderse la búsqueda, 66 misiones sin resultados.

Carlos García solicitó tres helicópteros Bell UH-1 e inmediatamente se trasladaron hacia el sector Los Maitenes de San Fernando para organizar de inmediato el rescate. Había un gran inconveniente: se había levantado una densa niebla y eso en circunstancias normales habría frenado la tarea de rescate, pero se decidió proseguir a pesar de que la visibilidad no era mayor de 100 m.

Una vez en Los Maitenes, los rescatistas interrogaron a Parrado y Canessa. Uno de los pilotos, Carlos García, le indica a Parrado que aborde el aparato y le sirva de guía, ya que sin su ayuda nunca podrían ubicar el aparato siniestrado. La niebla se levantó a eso de las 12:00 y Parrado sirvió de guía a los helicópteros, Parrado abordó el UH-89 con García al mando, y fue seguido por el UH-91 a cargo de Massa, con un equipo del SAR (Servicio Aéreo de Rescate). El tercer aparato quedó en reserva en el lugar que ya estaba siendo invadido por periodistas. El UH-89 y el UH-91 remontaron con gran dificultad las alturas debido a la escasez de corrientes cálidas y falta de aire suficiente para el correcto funcionamiento de los rotores. Al llegar al sector, tanto Parrado como los pilotos chilenos comprendieron que debido al color blanco del fuselaje, los restos jamás habrían sido ubicados visualmente. Una vez a la vista el sitio del accidente, los pilotos chilenos comprendieron que el rescate iba a ser muy difícil debido a la pendiente del terreno; todo mientras los 14 supervivientes saltaban jubilosos y gritaban de alegría.

Cuando aterrizaron sobre un solo esquié para afirmarse en la nieve, los rescatistas del SAR descendieron mientras los supervivientes intentaban abordar los helicópteros. Hubo instantes de angustia ya que a pesar del famélico estado de los supervivientes, su número generó un sobrepeso que excedía los límites de carga del UH-Bell, por lo cual hubo que hacer descender a algunos de ellos llegando incluso a usarse la fuerza bruta para evitar un nuevo desastre en el lugar.

Finalmente aquel día se rescató a siete de los supervivientes repartidos en ambos aparatos; el resto de ellos tuvo que permanecer una noche más en el lugar del accidente, aunque esta vez lo hicieron en compañía de miembros del equipo de rescate. Al día siguiente son rescatados los últimos supervivientes, trasladándolos en helicópteros a Santiago de Chile para ser atendidos por médicos.

Uno de los miembros del SAR que pasó aquella última noche entre los restos del siniestro, contaría más tarde: «El avión estaba partido y sin alas, el piloto aún estaba en su puesto (ver nota 1 al pie de artículo), pero su cabeza había desaparecido y solo quedaba el muñón de la columna asomándose por la ventanilla, en las cercanías había escenas de antropofagia evidente, ya que alrededor y debido al deshielo, dejaba entrever restos humanos». Los equipos de rescate contaron once cuerpos descuartizados, y los demás en calidad de reserva. Los rostros de los supervivientes mostraban las penurias padecidas y un color amarillo-rosado extraño, con la piel pegada a los huesos.

Roberto Canessa describiría así el momento del impacto:

    Recuerdo un poco el impacto. Me golpeé la cabeza y además me quedó un ojo hinchado, el impacto no fue tan fuerte como debiera haber sido…el avión empezó a deslizarse y se fue frenando, así el golpe no fue tan intenso.

    Roberto Canessa al periodista Jorge Abasolo, en El Mercurio (diciembre de 2007)

A pesar de las dudas iniciales, los supervivientes pronto reconocieron y justificaron mediante el uso del ejemplo de la Santa Cena que habían tenido que recurrir a la antropofagia para poder sobrevivir. En un principio lo negaron, alegando que en Mendoza habían adquirido grandes cantidades de chocolates, conservas, queso y licores. Pero el hecho quedó al descubierto cuando los diarios chilenos El Mercurio y La Tercera de la Hora publicaron fotografías de restos humanos cerca del fuselaje, tomadas por el Cuerpo de Socorro Andino (CSA) y que no se habían dado a conocer. Los supervivientes se vieron obligados a dar una conferencia de prensa para hablar del asunto. Agradecieron profundamente la comprensión de los familiares de los fallecidos, quienes los apoyaron en todo momento.

La Increible Historia de Supervivencia del Nigeriano Harrison Okene

El dia de hoy les traemos la increíble historia de Harrison Odjegba Okene, un Nigeriano quien sobrevivió en las condiciones mas extremas.

Atrapado durante tres días en el fondo del océano Atlántico en un remolcador que había dado una vuelta de 180 grados (con el caso hacia arriba), Harrison Odjegba Okene rogaba a Dios por un milagro. El cocinero nigeriano sobrevivió gracias a un bolsón de aire que quedó atrapado en el casco del barco.

Gracias a una menguante reserva de oxígeno que había quedado en una bolsa de aire de la embarcación, naufragada y hundida frente al delta del Níger. Un vídeo de su rescate, que tuvo lugar el 26 mayo de 2013, se convirtió en viral y dio la vuelta al mundo rápidamente.

La tragedia de este remolcador de tanques de petróleo se produjo a las 4:30 de la madrugada tras dar una sacudida repentina y darse la vuelta. «Me quedé aturdido, todo estaba oscuro y el impacto me lanzó de un lado para otro», explicaba. Mientras todo se llenaba de agua, logró encontrar un chaleco salvavidas y dos linternas. Localizó una cabina que le pareció segura y se dispuso a esperar lo peor.

    Es un hombre afortunado. No había mucho oxígeno en la bolsa de aire y le habría quedado poco tiempo

«Recordé a mi madre, mis amigos y, sobre todo, a mi mujer. Pensé también en la tripulación (diez nigerianos y un ucraniano) y me preocupé al escuchar a algunos animales mientras se disputaban los cuerpos de mis compañeros», continúa.

Temía lo peor. Era una difícil situación y no pintaba nada bien. Vestía solo con unos pantalones cortos mientras rezaba el último salmo que su esposa le había enviado en un mensaje al móvil: «Oh Dios, por tu nombre, sálvame… «.

Solo le quedaba aguantar lo que pudiera. En el video, hubo una exclamación aterradora que asustó a los rescatadores. Después vino la alegría, cuando se dieron cuenta de que aquella mano pertenecía a un superviviente. «¿Qué es eso? ¡Está vivo! ¡Está vivo!», se puede escuchar una voz exclamando.

Un video de su rescate en mayo 2019 y publicado en internet más de seis meses después ha recibido cientos de miles de visitas en pocos días. Sumergido en agua helada, vestido solo con calzoncillos, Okene repetía el último salmo que su esposa le había enviado por mensaje de texto, que algunos llaman la oración de salvación: «Por tu nombre, Señor, dame vida».

Okene está convencido de que su rescate después de 72 horas bajo el agua y a 30 metros de profundidad es señal de salvación divina. Los otros 11 marineros a bordo del Jacson 4 murieron. Los buzos enviados al lugar solo buscaban cadáveres, dijo Tony Walker, gerente de la compañía holandesa DCN Diving. Los trabajadores, que realizaban su labor en un yacimiento petrolero a 120 kilómetros del lugar, ya habían recogido cuatro cadáveres.

Cuando una mano apareció en la pantalla monitoreada por Walker en el barco de rescate, que muestra lo que veía el buzo, todos dieron por sentado que era un cadáver más. «El buzo reconoció que había visto la mano y cuando fue a tomarla, íesta se aferró a la suya!», «Fue aterrador para todos», dijo. «Para el tipo atrapado, porque no sabía qué estaba sucediendo.

Fue un shock para el buzo que estaba allá abajo buscando cadáveres y nosotros (en la sala de control) saltamos al ver en la pantalla la mano que lo aferraba». En el video hay una exclamación de pavor del buzo, seguida de júbilo al comprender lo que sucedía.

Okene recuerda que le oyó gritar: «íHay un sobreviviente! Está vivo». Walker dijo que Okene no podía haber vivido mucho más tiempo. «Tuvo una suerte increíble al estar en un bolsón de aire, pero hubiera tenido tiempo limitado… hasta que no hubiera podido respirar más». El video completo del rescate, filmado por los buzos, fue difundido por DCN Diving.

Primero apareció una versión abreviada del rescate en el internet. Su autenticidad fue confirmada mediante conversaciones con empleados de DCN en Holanda. El video en que aparece Okene también es congruente con fotos adicionales de él en el buque que lo rescató. Okene confirmó todo lo sucedido. El buzo que lo rescató usó agua caliente para hacerlo entrar en calor y luego le puso una máscara de oxígeno. Tras extraerlo del bote hundido, lo introdujo en una cámara de descompresión y luego lo llevó a la superficie.

Mucha suerte

«Es un hombre afortunado. No había mucho oxígeno en la bolsa de aire y le habría quedado poco tiempo…», afirmaba Walker. El resto cumplió el protocolo encerrándose en sus camarotes. Además, cuando el agua continuó inundando la embarcación, apiló unos colchones encima de una plataforma para subirse y no ahogarse.

«Por un momento pensé que los rescatadores no me encontrarían porque estaban muy lejos de donde me encontraba. Pero después apareció el buzo que me puso la mascarilla de oxígeno, me llevaron a una especie de cámara de descompresión y después regresé a la superficie de forma segura», concluye.

La Increible Historia de Mauro Prosperi

«Bebí orina y sangre de murciélago para sobrevivir»

Mario Prosperi, aquí cuenta su historia

Transcurría 1994 y a sus 39 años, Mauro Prosperi participó en la Maratón de las Arenas: una carrera de 250 kilómetros en seis días por el Sahara que ha sido descrita como la más dura de su tipo. Una tormenta de arena provocó que el expentatleta olímpico se perdiera en el desierto durante más 10 días.

Lo que más me gusta de correr maratones extremas es el hecho de que me permiten acercarme a la naturaleza. Las carreras suelen llevarse a cabo en escenarios hermosos que incluyen montañas, desiertos, glaciares. Como atleta profesional no había podido disfrutar de ese entorno: estaba muy concentrado en ganar medallas.

Me enteré de la Maratón de las arenas (Marathon des Sables) por casualidad. Ya me había retirado del pentatlón cuando un buen amigo me dijo: «Hay una maratón increíble en el desierto, pero es muy difícil». Como me encantan los retos, empecé a entrenar inmediatamente, corriendo 40 kilómetros al día. Además, reduje la cantidad de agua que bebía, para acostumbrarme a la deshidratación. No paraba en la casa.

Mi esposa Cinzia pensó que estaba loco. La carrera es tan arriesgada que hay que firmar un formulario donde uno especifique dónde quieren que entierren su cuerpo en caso de muerte. Tomando en cuenta que tenemos tres hijos -en ese momento menores de 8 años- estaba muy preocupada. Traté de tranquilizarla. «Lo peor que puede pasar es que me insole un poco por el sol», le dije.

Cuando llegué a Marruecos, descubrí algo maravilloso: el desierto. Me sentí embrujado.

En estos días la Maratón de las arenas es una experiencia muy diferente. Participan unas 1.300 personas que avanzan por el desierto como una especie de serpiente gigante. No podrían perderse así lo intentaran. En 1994, en cambio, solo éramos 80 participantes y muchos menos los que estaban corriendo como yo. De modo que durante la mayoría del tiempo estuve solo.

Siempre fui el primer italiano en llegar a la siguiente etapa y me gustaría poner una bandera en mi tienda para que todos pudiéramos reunirnos en las noches. Fue divertido.

 La camaradería de correr en el desierto.

Solía ser el primer italiano en alcanzar la próxima etapa. Al llegar, colocaba una bandera en mi tienda, por las noches nos reuníamos ahí. Era divertido.

El cuarto día, durante la etapa más larga y difícil de la carrera, las cosas se complicaron.

Cuando partimos esa mañana ya había un poco de viento. Tras pasar cuatro puestos de control, entré a una zona de dunas de arena. Estaba solo. Las liebres -los corredores que marcan el ritmo- ya se habían adelantado.

De repente comenzó una tormenta de arena muy violenta. El viento arreció con una furia aterradora. Fui tragado por una pared de arena amarilla. Estaba ciego, no podía respirar. Sentía los latigazos de arena en el rostro, era como una tormenta de agujas.

Entendí por primera vez lo poderosa que podía ser una tormenta de arena. Le di la espalda al viento y me envolví una bufanda alrededor de la cara para evitar que la arena siguiera hiriéndome. No estaba desorientado, pero no podía dejar de moverme para evitar ser enterrado. Eventualmente me agaché en un lugar protegido y esperé que la tormenta terminara.

Duró ocho horas. Cuando el viento se calmó, ya era de noche, así que dormí en las dunas. Me sentía molesto por la carrera, pues hasta entonces, había estado ocupando el cuarto lugar. Pensé: «Bueno, ya no puedo ganar, pero todavía puedo hacer un buen tiempo. Mañana me levantaré muy temprano y trataré de llegar a la mera.

Hay un plazo de 36 horas para cumplir con esa etapa de la carrera. Si tardas más tiempo, quedas descalificado. Todavía tenía una oportunidad. Lo que no podía imaginar era la forma dramática cómo la tormenta cambiaría todo lo que me rodeaba.

Me desperté muy temprano y me encontré con un paisaje transformado. No tenía idea de que estaba perdido. Tenía una brújula y un mapa, así que pensé que podía andar perfectamente bien. Sin embargo, sin puntos de referencia, todo es mucho más complicado.

No me preocupaba aún porque estaba seguro de que tarde o temprano me encontraría con alguien. «Quién sabe cuántos otros estarán en esta misma situación», pensé.

«Tan pronto me encuentre con alguien podremos trabajar en equipo y llegar a la meta juntos». Ese era mi plan, que por desgracia, no funcionó.

Cuando me di cuenta de que estaba perdido, lo primero que hice fue a orinar en mi botella de agua de repuesto, porque cuando se está todavía bien hidratado la orina es más clara y más potable. Me acordé de mi abuelo cuando me decía que durante la guerra, él y sus compañeros de armas habían bebido su propia orina cuando el agua se agotó. Lo hice como medida de precaución, pero no estaba desesperado. Estaba seguro de que los organizadores me iban encontrarían pronto.

Cuando se corre el Maratón de las arenas, hay que ser autosuficiente. Yo iba bien preparado: tenía un cuchillo, una brújula, un saco de dormir y un montón de comida deshidrata en mi mochila. El problema era el agua. Nos dieron agua fresca en los puestos de control, pero cuando empezó la tormenta solo me quedaba la mitad de una botella. La tomé lo más lentamente que pude.

Soy muy resistente al calor y estaba teniendo cuidado. Solo caminaba cuando esta fresco, en las mañanas, y luego de nuevo en la noche. Durante el día, cuando no estaba caminando, intenté encontrar refugio y sombra. Llevaba dos sombreros: una gorra de béisbol con un sombrero de lana roja encima para mantener la temperatura lo más constante posible. Por suerte mi piel es bastante oscura, así que no sufría por las quemaduras solares.

El segundo día al atardecer escuché el sonido de un helicóptero que se acercaba. Asumí que me estaba buscando, así que saqué mi bengala y la tiré al aire. Volaba tan bajo que llegué a ver el casco del piloto. Pero no, él no me vio.

El helicóptero, un préstamo de la policía marroquí, regresaba a la base para reabastecerse de combustible. Desde 1995, debido a mi experiencia, los corredores han sido equipados con los mismos tipos de bengalas que se utilizan en el mar. A ellos no les agrada la idea porque pesan 500 gramos, pero en el momento en que yo participé, las bengalas que teníamos eran muy pequeñas, del tamaño de un bolígrafo.

Me quedé tranquilo. Estaba convencido de que los organizadores tendrían los recursos para encontrar a cualquiera que se perdiera en el desierto. Todavía pensaba que sería rescatado antes o después.

Un par de días después me encontré con un morabito, un santuario musulmán donde los beduinos paran cuando están cruzando el desierto. Tenía la esperanza de que estuviera habitado, pero por desgracia no había nadie allí: solo el ataúd de una persona a la que se le atribuye cierta santidad. Al menos tenía un techo sobre mi cabeza, era como estar en casa. Evalué mi situación: no era de color de rosa, pero me sentía bien físicamente. Comí un poco de mis raciones que cociné con orina fresca y no con la embotellada que estaba ahorrando para beber. Empecé a beberla al cuarto día.

El morabito se había llenado con la arena de cada una de las tormentas, así que el techo era muy bajo. Subí a la azotea para plantar mi bandera italiana, con la esperanza de que alguien que me estuviese buscando pudiera verme. Mientras estuve allá arriba, vi algunos murciélagos, apiñados en la torre. Me decidí a beber su sangre. Agarré un puñado de murciélagos, les corté la cabeza y aplasté su interior con un cuchillo. Luego chupé. Me comí al menos 20 de ellos, crudos. Sólo les hice lo que ellos le hacen a sus presas.

Me quedé en el morabito por unos días, esperando ser descubierto.

Cedí a la desesperación en dos ocasiones. La primera, cuando el helicóptero pasó sobre mí sin verme. La segunda cuando vi el aeroplano.

Llevaba tres días en el morabito cuando oí el ruido de un motor. No sé si me estaba buscando, pero inmediatamente inicié un fuego con todo lo que tenía: mi mochila y todo lo demás, con la esperanza de que el avión viera el humo. Pero justo entonces otra tormenta de arena golpeó. Duró 12 horas. De nuevo, no me vieron.

Sentí que era mi última oportunidad para ser encontrado. Me deprimí. Estaba convencido de que iba a morir y de que sería una muerte larga y agonizante, así que quería acelerarlo. Pensé que si moría en el desierto nadie me iba a encontrar. Mi esposa no recibiría la pensión de la policía: en Italia, si alguien se pierde, hay que espera 10 años antes de ser declarado muerto. Si me moría en este santuario musulmán al menos encontrarían mi cuerpo y mi esposa tendrían un ingreso.

No tenía miedo de morir. Mi decisión de atentar contra mi propia vida surgió del racionamiento lógico y no de la desesperanza. Escribí una nota a mi esposa con un trozo de carbón y luego corté mis muñecas. Me tumbé y esperé a morir, pero mi sangre se había espesado y no salía.

A la mañana siguiente me desperté. No había logrado suicidarme. La muerte no me quería todavía.

Lo tomé como una señal. Recuperé la confianza y me decidí a ver lo que ocurría como una competencia contra mí mismo. Tomé la determinación y me concentré otra vez. Pensaba en mis hijos.

Mauro el atleta estaba de vuelta. Necesitaba tener un plan. Todavía tenía energía, no estaba cansado. Como expentatleta acostumbrado a entrenar 12 horas al día, además me había preparado para la carrera, así que no me sentía demasiado débil. Todavía me quedaban algunas pastillas de energía también.

Recuperé mi fuerza y lucidez mental. Decidí salir del santuario y comenzar a caminar de nuevo, pero ¿hacia dónde? Seguí el consejo que los tuaregs nos habían dado antes de empezar la carrera: «Si están perdidos, busquen las nubes que puedan ver en el horizonte al amanecer, allí encontrarán vida. Durante el día desaparecerán, pero fijen su brújula y continúen por esa dirección. Así que decidí ir hacia esas nubes míticas en el horizonte.

Caminé por el desierto durante días. Maté serpientes y lagartos y me los comí crudos. De esa manera, conseguía beber también. Algunos instintos surgen en situaciones de emergencia. En ese momento, mi cavernícola interior emergió.

Estaba consciente de que estaba perdiendo una cantidad increíble de peso: mientras más caminaba, más flojo sentía el reloj en la muñeca. Estaba tan deshidratado que ya no orinaba más. Por suerte tenía algo de medicina para la diarrea que seguí tomando.

Sobrevivir en el desierto

    Sin agua, la muerte llega después de tres días en el desierto, debido a que el cuerpo se deshidrata rápidamente. En el mar, la gente puede sobrevivir de seis a siete días.

No hay que beber nada en las primeras 24 horas para que el cuerpo pueda entrar en modo de supervivencia.

No es recomendable beber orina, pues contiene sales que en realidad pueden deshidratar más. El agua de mar es mucho peor.

Para digerir proteínas hace falta más agua que para otras comidas. Lo mejor es evitarlas.

Beber sangre puede ayudar a prolongar la supervivencia. Quienes sobreviven en el mar beben sangre de tortuga borracha, que tiene una concentración similar a la sangre humana.

Fuente: Los esenciales de supervivencia en el mar, de F. Golden y M. Tipton (2002).

Quería ver a mi familia y amigos de nuevo y me concentré en eso. No tenía miedo. Al mismo tiempo, empecé a ver el desierto como un lugar donde la gente podía vivir.

   Tras la experiencia, Mauro Prosperi volvió a participar en la carrera.

Aprendí que si se aprende a mirar, hay mucha comida a nuestro alrededor. Mientras caminaba por el desierto reconocí lechos secos donde crecen los cactus y las suculentas, así que apreté para obtener su jugo y lo bebí .

Empecé a pensar en mí mismo como un hombre del desierto. Más tarde, un príncipe tuareg me dedicó un poema que aseguraba que yo era el «elegido» por haber sobrevivido tanto tiempo.

Mientras tanto, los organizadores estaban buscándome. Mi hermano y mi cuñado volaron desde Italia para unirse a la búsqueda. Encontraron algunas de las huellas que dejé atrás, como las trenzas de mis zapatos. Llegaron al morabito y encontraron signos de que estuve allí. Sin embargo, estaban seguros de que estaban buscando un cuerpo.

En el octavo día me topé con un pequeño oasis. Me acosté y me bebí, sorbiendo lentamente, durante unas seis o siete horas. Vi una huella en la arena, así sabía que la gente no podía estar lejos.

Al día siguiente, vi algunas cabras a la distancia que me dieron esperanza.

Entonces vi a una joven pastora. Ella me vio también y salió corriendo, asustada. Después de nueve días en el desierto imaginen cómo lucía, estaba negro de tanta mugre. La niña corrió hacia una tienda para advertir que yo iba en esa dirección.

Sólo había mujeres en el campamento, los hombres habían ido al mercado. Ellas se hicieron cargo de mí. Fueron muy amables. Una mujer mayor salió de la tienda y de inmediato me dio leche de cabra para beber. Trató de darme un poco de comida también, pero vomité inmediatamente. No me permitieron entrar en la tienda porque era hombre, pero me pusieron en una alfombra en la sombra de su porche. Entonces enviaron a alguien a llamar a la policía. A ellos les gusta acampar cerca de bases militares para garantizar su protección.

La policía vino y me llevó a su jeep. Me llevaron a su base militar, con los ojos vendados, porque no sabían quién era yo. Ellos pensaron que yo podía ser peligroso. Tenían armas y en ocasiones llegué a pensar que iban a matarme. Cuando se enteraron de que era el corredor de maratón que había se perdió en Marruecos me sacaron la venda de los ojos y celebraron. Descubrí que había cruzado la frontera con Argelia. Estaba 291 kilómetros fuera de curso.

Ellos me trasladaron al hospital de Tinduf, donde finalmente, después de 10 días, tuve la oportunidad de llamar a mi esposa. Lo primero que le dije fue: «¿Ya me hiciste un funeral?». Después de 10 días perdido en el desierto es lógico esperar que alguien esté muerto.

Cuando me pesaron en el hospital había perdido 16 kilogramos, pesaba solo 45kg. Mis ojos y mi hígado sufrieron daños, pero mis riñones estaban bien. No pude comer nada más que sopa o líquidos por meses. Me tomó casi dos años recuperarme.

Cuatro años más tarde estaba de vuelta en el Marathon des Sables. La gente me pregunta por qué volví. Yo digo que cuando empiezo algo quiero terminarlo. La otra razón es que ya no pude vivir sin el desierto. La fiebre del desierto sí existe, y es una enfermedad que definitivamente contraje. El desierto me llama a saludarlo cada año, a experimentarlo.

Corrí ocho maratones desérticos más y ahora me estoy preparando para mi mayor reto. El año que viene tengo la intención de correr 7.000 kilometros de costa a costa a través del Sahara, desde Agadir (Marruecos) en el Océano Atlántico a Hurghada (Egipto) en el Mar Rojo. El deporte y la naturaleza son parte de mi vida.

Mi esposa se portó como una santa. Me soportó muchos años, hasta que debido a mi estilo de vida decidimos separarnos. Seguimos siendo mejores amigos, tal vez más ahora que cuando estábamos casados. Tengo una nueva pareja, pero ella sabe que soy un hombre con una misión. No puedo cambiar.

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